
Tengo el trabajo más fácil del mundo. Estoy sentado frente a una pared blanca en la que hay dos agujeros. A mi lado una cesta siempre llena de bolas amarillas. A mi espalda, otra pared blanca en la que hay un solo agujero. De los agujeros de la pared a mi frente van saliendo un número indeterminado de bolas amarillas que caen al suelo y se van de la habitación por una especie de sumidero que hay en el mismo suelo.
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