
Una de las peculiaridades más notables del ser humano es, sin duda, el uso del lenguaje. Utilizamos una intrincada e inabarcable red de símbolos que, desde hace milenios, superó con mucho la función biológica con la que nació. La riqueza de nuestro lenguaje es muchísimo mayor que lo necesario para nuestra supervivencia en la sabana africana ¿Para qué ese excedente de palabras, de estructuras gramaticales y sintácticas? ¿Para qué esa pluralidad de significados, esa variedad semántica que enriquece tanto como confunde?
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